En Matanza de Soria existe un pequeño valle de suelos singulares: una arcilla pura que recuerda a la tierra batida de las pistas de tenis. Allí crecen vides centenarias —muchas de ellas de más de 140 años— que dan lugar a una producción extremadamente limitada, apenas 8‑10 barricas al año.
El rigor del clima soriano y la singularidad de este viejo viñedo estructurado en micro parcelas, hace que cada vendimia sea distinta; por eso Munierro es un homenaje a esa tierra y a las familias que la han trabajado generación tras generación. Es un vino que nace de la investigación y del conocimiento profundo del entorno, una vuelta a elaborar en función de los suelos para recuperar la identidad más pura de Antídoto.
La historia de Munierro empieza como un viaje a las raíces de Bodegas Antídoto. Tradicionalmente, en Bodegas Antídoto se elaboraban los vinos en función de los tipos de suelo. Fruto de la evolución y el crecimiento, se perdió en cierta manera esa identidad de elaborar. En honor y recuerdo a toda esta etapa inicial de Bodegas Antídoto, y fruto de la investigación y del conocimiento del entorno y del viñedo que tenemos, decidimos elaborar un vino que viniese puramente de suelos arcillosos. Munierro surge así en un pequeño valle de Matanza de Soria, a unos cinco kilómetros al norte de San Esteban de Gormaz. El suelo de arcilla roja ferruginosa ha inspirado un vino que expresa el carácter más íntimo de Soria.
La elección de este paraje no es casual. Matanza de Soria es el pueblo del padre de David Hernando, y este vino es también un homenaje a su familia y a todas las familias viticultoras de la zona, a una manera de hacer y de vivir. Las viñas, trabajadas en ecológico por el propio David, son de pie franco y cuentan con entre 140 y 150 años según la tradición oral. Se reparten en unas treinta y cinco microparcelas que suman apenas 1,7 hectáreas; el clima extremo y la edad de las cepas, junto con el tamaño del viñedo, limitan naturalmente la producción a unas 3 000 botellas por cosecha. No hay dos cosechas iguales: Soria es una zona de clima extremo y está muy influida por el efecto añada, que deja su huella en el vino.
Munierro es un gran ejemplo de cómo las arcillas sorianas, combinadas con la altitud y la frescura del entorno, originan vinos elegantes y precisos. La arcilla aporta volumen y fruta, mientras que la altitud de Soria y su clima continental aportan tensión, energía y una frescura natural. Para potenciar su longevidad seguimos un método tradicional: largas maceraciones de unas 50 días y una crianza de unos 20‑22 meses en barricas bordelesas de roble francés. La uva se despalilla al 100 % para respetar la elegancia de las viejas cepas, y cada paso se realiza con la atención y paciencia necesarias.
La primera añada de Munierro es 2022. Está hecha con el mismo amor que ponemos en todos nuestros vinos, pero con una dedicación especial en la selección de estas viñas. El resultado es un vino que expresa la pureza de la arcilla de Soria, la frescura que distingue a nuestra tierra y el vínculo personal de David Hernando con su origen. Cada botella de Munierro es un testimonio del respeto por el terruño y de la pasión por mantener viva la tradición vitícola soriana.